PrEP y PEP: herramientas de prevención del VIH que salvan vidas

La prevención del VIH ha avanzado con herramientas capaces de adaptarse a distintas situaciones y necesidades. Entre las más importantes se encuentran la profilaxis preexposición, conocida como PrEP, y la profilaxis posexposición, o PEP. Ambas utilizan medicamentos antirretrovirales, aunque se toman en momentos diferentes y cumplen objetivos específicos.

La PrEP está destinada a personas que no tienen el VIH y pueden exponerse al virus. La PEP se utiliza después de una posible exposición, como una relación sexual sin protección, una rotura del preservativo o un accidente con material contaminado. En ambos casos, el tiempo y el acompañamiento sanitario son fundamentales.

Hablar de PrEP y PEP: las herramientas de prevención que salvan vidas permite superar ideas equivocadas y acercar información útil a quienes podrían beneficiarse de ellas. Estas opciones no sustituyen la educación sexual, las pruebas periódicas ni el uso del preservativo, pero amplían las posibilidades de protección.

Comprender cómo se transmiten realmente el VIH y otras infecciones de transmisión sexual ayuda a tomar decisiones informadas. La transmisión del VIH no ocurre por compartir un espacio, abrazarse, darse la mano o utilizar los mismos cubiertos.

Qué es la PrEP y para quién está indicada

La PrEP consiste en tomar medicamentos antirretrovirales antes de una posible exposición al VIH. Cuando se utiliza correctamente, mantiene una concentración suficiente del fármaco en el organismo para impedir que el virus establezca una infección. Se recomienda a personas seronegativas con una probabilidad significativa de exposición, según su historial sexual, sus prácticas y el contexto epidemiológico.

Puede ser una opción para quienes tienen parejas sexuales con VIH sin carga viral indetectable, mantienen relaciones sin preservativo, han tenido infecciones de transmisión sexual recientes o comparten material para inyectarse drogas. La indicación debe realizarla un equipo sanitario después de confirmar que la persona no tiene el VIH.

Antes de comenzar, se realizan pruebas de VIH, hepatitis y otras infecciones, además de una evaluación de la función renal cuando el medicamento lo requiere. La PrEP no debe iniciarse por cuenta propia ni utilizarse para cubrir una exposición que ya ocurrió: en esa circunstancia puede ser necesaria la PEP.

Cómo se utiliza la profilaxis preexposición

La modalidad diaria implica tomar el medicamento cada día, siguiendo la pauta prescrita. También existen esquemas intermitentes para determinados hombres cisgénero y algunas personas asignadas como varón al nacer, pero su uso depende de la evidencia disponible, del tipo de prácticas sexuales y de una valoración profesional. No todas las personas pueden utilizar el mismo régimen.

La eficacia está estrechamente relacionada con la adherencia. Olvidar dosis reduce la protección y puede complicar la interpretación de una prueba posterior. Si aparecen dificultades para mantener la rutina, el personal sanitario puede ayudar a establecer recordatorios, revisar efectos adversos o valorar otra estrategia preventiva.

Qué es la PEP y cuándo debe iniciarse

La PEP es un tratamiento de emergencia para personas que podrían haber estado expuestas al VIH en las últimas horas. Debe iniciarse cuanto antes, idealmente durante las primeras horas y, como límite general, antes de que transcurran 72 horas. Cada hora cuenta porque el virus puede comenzar a establecerse en el organismo.

La exposición puede producirse durante una relación sexual, por una agresión sexual, al compartir agujas o por un accidente laboral con sangre. La PEP también puede considerarse cuando se rompe un preservativo con una persona cuyo estado serológico se desconoce, especialmente si existen factores de riesgo adicionales. La valoración debe realizarse en urgencias, centros de salud sexual o servicios especializados.

El tratamiento de PEP y el seguimiento médico

Habitualmente, la PEP se toma durante 28 días mediante una combinación de antirretrovirales. Es importante completar el tratamiento, aunque aparezcan molestias o la persona se sienta bien. Náuseas, cansancio, dolor de cabeza o alteraciones digestivas pueden presentarse, y deben comunicarse al equipo médico antes de suspender las dosis.

El seguimiento incluye pruebas iniciales y posteriores para descartar una infección reciente, además de controles de otras infecciones de transmisión sexual. Durante este periodo, se aconseja utilizar preservativo y no compartir material de inyección. La PEP reduce mucho el riesgo cuando se inicia pronto y se toma de manera adecuada, pero no ofrece una garantía absoluta.

PrEP, PEP y preservativo cumplen funciones distintas

El preservativo externo e interno continúa siendo una herramienta esencial porque ayuda a prevenir el VIH, la gonorrea, la clamidia, la sífilis y otras infecciones. La PrEP y la PEP están dirigidas específicamente a la prevención del VIH, por lo que no protegen frente a todas las infecciones ni evitan un embarazo.

Combinar estrategias permite responder mejor a las circunstancias de cada persona. Alguien puede utilizar PrEP de forma habitual y recurrir a pruebas de ITS, vacunación frente a hepatitis A, hepatitis B y virus del papiloma humano, además de preservativos y lubricantes. La prevención debe ser realista, accesible y libre de juicios morales.

Pruebas, confidencialidad y acceso a la atención

Una prueba de VIH es necesaria antes de iniciar la PrEP y forma parte del seguimiento periódico. Las pruebas de cuarta generación, las rápidas y las pruebas en farmacias o centros comunitarios pueden tener indicaciones diferentes según el tiempo transcurrido desde la exposición. Un resultado negativo demasiado temprano puede requerir repetición.

La atención sanitaria debe respetar la confidencialidad, la autonomía y la diversidad sexual y de género. Nadie debería evitar una consulta por miedo al estigma. Los servicios de salud sexual, las organizaciones comunitarias y los centros especializados pueden orientar sobre disponibilidad, requisitos, coste y alternativas para acceder a la prevención.

Mitos que dificultan la prevención

La PrEP no provoca el VIH, no fomenta automáticamente conductas sexuales de riesgo y no está reservada a un único grupo. Del mismo modo, pedir PEP no significa haber actuado de forma irresponsable: significa buscar atención después de una situación potencialmente peligrosa. La información precisa permite reducir la culpa y actuar con rapidez.

Tampoco es correcto pensar que una persona con VIH transmite el virus en cualquier circunstancia. Quienes reciben tratamiento y mantienen una carga viral indetectable de forma sostenida no transmiten el VIH por vía sexual, un principio conocido como indetectable es igual a intransmisible. Esta evidencia refuerza la importancia del diagnóstico temprano, el acceso al tratamiento y el acompañamiento continuo.

Infórmate en servicios de salud sexual y organizaciones comunitarias, realiza tus pruebas con regularidad y consulta de inmediato si has tenido una posible exposición reciente. Compartir información fiable sobre PrEP y PEP ayuda a reducir nuevas infecciones, combatir el estigma y proteger la salud de toda la comunidad.